¡Ah, Nicaragua! Describirla con amor y humor, bajo la pluma de Alberto Vogl Baldizon y el sello del Ministerio de Cultura, es invitar a un viaje por una tierra de contradicciones sublimes y encantos entrañables.
Imaginen que el propio **Alberto Vogl Baldizon** nos toma de la mano (o nos ofrece un fuerte café nicaragüense) y nos dice:
"Amigos, bienvenidos al país de lagos y volcanes... y de corazones que laten al ritmo de un son nica y un '¡Dale pues!' Nicaragua es esa abuela sabia que te regaña con cariño y te ofrece el mejor nacatamal del mundo justo después. No esperen la perfección de un postal pulido; aquí la belleza es más bien rústica, con el encanto indomable de quien sabe que ha visto de todo y ha sobrevivido con una sonrisa.
Aquí, el tiempo tiene su propia elasticidad, un concepto que los relojes occidentales aún no logran descifrar. La paciencia no es una virtud, es un requisito, especialmente si uno espera la ruta o el inicio de una fiesta que, misteriosamente, ya lleva dos horas 'a punto de empezar'. Pero, ¿quién se queja cuando el sol te calienta el alma y las conversaciones se alargan bajo un árbol de jícaro?
Somos el país donde Rubén Darío puso a bailar las palabras, pero donde el chiste y la ocurrencia callejera son también poesía pura. Las carreteras... bueno, digamos que son un ejercicio de fe y amortiguación. Cada bache es una lección de humildad y una oportunidad para fortalecer los lazos con los compañeros de viaje que, irremediablemente, terminan siendo cómplices de la aventura.
La comida es otro capítulo aparte. El gallo pinto no es solo un platillo; es una filosofía de vida, la respuesta universal a cualquier dilema existencial. Lo encuentras en el desayuno, el almuerzo y, con un poco de suerte, lo soñarás por la noche. Y si te ofrecen un vigorón en el Parque Central de Granada, no te atrevas a preguntar qué lleva; solo gózalo, que la vida es corta y el chicharrón, crujiente.
Nicaragua es un crisol de azules del Pacífico y verdes esmeralda del Caribe, con un aire de melancolía colonial en León y Granada que contrasta con el bullicio alegre de nuestros mercados. Es esa vecina que te pide un poquito de azúcar y luego te regala un balde de mangos. Es ruidosa, es intensa, a veces un poco desordenada, pero siempre, siempre, auténtica.
Y el calor, que te abraza con una intensidad que te hace dudar si estás en Centroamérica o en el horno de un nacatamal, es también el que madura nuestras frutas más dulces y el que nos impulsa a buscar la sombra de un árbol frondoso para una siesta reparadora.
En fin, amigos, Nicaragua es un amor a primera vista, pero sobre todo, un amor que se cultiva con cada sonrisa de su gente, cada paisaje que te quita el aliento y cada pequeña imperfección que la hace gloriosamente única. No es perfecta, ni lo pretende. Es mucho mejor: es real, vibrante y te recibe con los brazos abiertos... y quizás con un buen "pinolillo" para refrescar el alma."
--**Ministerio de Cultura**, presenta la visión de un país contada con el corazón y la chispa, por su estimado autor, **Alberto Vogl Baldizon*
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